Los bilbainos conocen al puente Zubizuri como el puente de Calatrava. Se trata de un puente peatonal, en arco, sobre la ría del Nervión ,que une el Campo de Volantín (Castaños), en la margen derecha, con Uribitarte (el Ensanche), en la izquierda.

Desde su inauguración hace dos décadas, el Zubizuri fue un símbolo de la nueva Bilbao, que sin embrago, vivió un tiempo rodeado de polémica. Fue construido con una superficie de cristal que resbalaba y resultaba incompatible con el clima húmedo de la ciudad de Bilbao.

Fhimasa aportó una solución altamente efectiva: añadir tiras antideslizantes sobre las losetas acristaladas. Una moqueta que permite a los viandantes cruzar el puente sin temor alguno a resbalar y caer. Se trata de un tapiz de rizo de vinilo, con alta durabilidad y con inserción de gránulos de PVC. Se calcula que el tapiz tiene una duración media de cinco años.

La alfombra cuenta además con una banda inferior que recoge el agua y potencia más su efecto antideslizante.

Desde su instalación, Fhimasa se encarga del mantenimiento de un equipamiento que no altera en absoluto la estética de uno de los iconos de la ciudad, el puente Zubizuri.

La solución al problema de caídas del puente Zubizuri se le ocurrió a Javier Riaño, entones colaborador del Ayuntamiento de Bilbao, durante un viaje a Nueva York en el que accedió a una tienda de Apple y vio una solución similar

Discovery Max incluyó este problema y la solución en un programa de televisión llamado “Grandes errores de la ingeniería”. En él, un experto recuerda cómo se dio con la solución definitiva: “Esta idea [instalar un tapiz] vino por un antiguo colaborador del Ayuntamiento, el director de Bilbao Arte, Javier Riaño, que es artista. En un viaje en Nueva York simplemente se fijó en una tienda de Apple, cerca de Central Park, que tenían puesta una alfombra de estas características en la entrada para evitar que la gente resbalara y se pudiera secar los zapatos».